19 mar. 2010

Olor a Muerte

Lo que están a punto de leer es real, tristemente real, sucedió hace unos días para ser precisos, unas personas caminaban por la catedral, la misma que a diario se llena de gente, predicadores vendedores ambulantes, etc. Se percataron de un anciano en una silla de ruedas que despedía un terrible olor, cerca de el se encontraba un calcetín grisáceo y un charco.

Al acercarse se percataron que el calcetín se encontraba lleno de gusanos, ¡el hombre estaba siendo devorado por gusanos vivo! De inmediato se comunicaron con una ambulancia así como con la policía que en principio creyeron que era un ejecutado mas.

Fue trasladado a diversos lugares de atención medica y ninguno se quiso hacer cargo de el, murió dos días después sin recibir ninguna atención, he visto animales que reciben mejor trato ala hora de morir.

Es curiosa la manera de pensar de todos, somos capaces de ayudar todos los años a diversas organizaciones, somos muy críticos con las autoridades y siempre pensamos en tener la razón.

Yo me pregunto la asociación de derechos humanos que tanto se preocupa por andar liberando delincuentes en donde se encontraba cuando este hombre lo necesitaba.

El predicador con todo y su altavoz que quiere llevar agua a su molino y que grita como desesperado y con gran pasión que ama a todo mundo ¿donde estaba?

Todos los que andamos de una u otra manera haciendo política. ¿Dónde estábamos?

Esto no es un regaño, soy una persona lo bastante cínica para no hacerlo, es simplemente una reflexión como tantas que me mandan por la red, como tantas cadenas llenas de felicidad que me saturan el correo.

Cada vez que pases por catedral, espero que te llegue ese pequeño hedor a muerte, que ese recuerdo no ocupe tu vida pero si que te ponga a pensar, el hombre agusanado en silla de ruedas para mi refleja la ciudad y su sociedad y ala vez espero responder a esa pregunta diaria que te haces.

¿MERECEMOS TODO LO MALO QUE PASA EN CIUDAD JUAREZ?

Marcos Porras

1 comentario:

Mecenas dijo...

Agusanado afuera de la casa del señor, que ironia.